Portada ObservatorioFormacionCursos y convocatoriasUNER Cartelera Laboral Busqueda de Graduados Contacto

50 años de la Facultad de Ciencias Económicas

La Facultad de Ciencias Económica de la UNER cumplió 50 años desde su creación. En el marco de dicha celebración, compartimos las entrevistas realizadas por el Área de Comunicación de nuestra Universidad a dos de sus primeros graduados: El Contador Eduardo Muani y el Contador Mario Mathieu.

 

Contador Eduardo Muani

- Además de haber sido el decano de la facultad, usted fue el primer graduado de la UNER.

Exactamente. Es un día de mucha alegría porque la facultad cumple 50 años, dado que en el año ´66 inicia sus actividades bajo el amparo de la Pontificia Universidad Católica Argentina, cuyo rectorado estaba en la Ciudad de La Plata, en la Pcia. de Buenos Aires. Felizmente tuve la posibilidad de iniciar mis estudios allí, concluir el cursado en 1975, y al año siguiente dar mi última materia ya bajo la dependencia de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Por lo cual me transformé en el primer graduado de esta facultad en la UNER. En realidad mi diploma es el número tres, no el número uno porque tardé un tiempo en solicitarlo. Pero soy el primer graduado de esta Universidad, que es un orgullo enorme.

Cuando estábamos bajo las directivas de la UCA, éramos un grupo de personas de la ciudad que apoyamos la propuesta académica. Éramos muy pocos estudiantes, y felizmente nos incorporamos a la UNER. En estos años la facultad ha crecido de forma permanente gracias a las distintas políticas que se han llevado desde la UNER. Hoy tenemos muchos graduados, estudiantes, carreras y cursos de posgrados, dos carreras de grados, estamos muy contentos. 

- Usted se vinculó con la Universidad primero como docente, después como parte del gobierno, hasta que llegó a ser decano.

Llevo en esta casa de estudios 45 años, desde que comencé a estudiar, por eso digo que este es como mi segundo hogar. Comencé como estudiante, después como docente, tuve el honor de ser el decano durante dos mandatos y actualmente continúo con mi actividad docente hasta que me tenga que jubilar. 

Contador Mario Mathieu

- ¿Cómo vive estos 50 años de la Facultad?

Este medio siglo, en término de vida institucional, son los primeros pasos, buenos primeros pasos. En términos personales es casi toda la vida. Pero la posibilidad de haber continuado vinculado a la Universidad, en distintas instancias de la vida y ahora como docente, hace que esto ocupe un lugar muy importante en mi historia personal. 

- ¿Cómo fue aquel primer momento de la facultad, no solo de lo personal, sino para la provincia de Entre Ríos?

Cuando comencé a estudiar lo hice sin dudarlo. Creo que influido porque conocía a quienes se hicieron cargo del proyecto, el contador Borgiani, los doctores Quinodoz, Puig, que me merecía la idea de que ellos no se iban a embarcar en algo que no tuviera destino, y que por cierto fue bien realizado. No obstante lo cual algunas inquietudes nos quedaban. Una de ella fue en término de Universidad Católica, la presencia de las humanidades en forma significativa: cinco teologías, cinco filosofías. Pero que finalmente le dieron a esta casa un rasgo distintivo, que lo ha guardado e enriquecido con el tiempo, que es no dejar que se piense que en el centro de la economía está el hombre.

- ¿Qué recuerda de aquellas primeras clases?

En aquel momento la biblioteca no tenía todo su equipamiento necesario pero se suplió bien. Usamos mucho el Banco de Entre Ríos que tenía una excelente biblioteca de temas económicos, que se convirtió en un recurso que estaba brindado con muy buena predisposición para los estudiantes. Y por cierto nos facilitaba, que al no ser tantos alumnos, eso favorecía la circulación de libros. Cuando comenzamos el pre universitario éramos 70, de ellos 16 terminamos la carrera. Tomando lo parámetros de las carreras universitarias y las vicisitudes de una carrera que empezaba en esas condiciones, por ahí atrajo a gente que ya tenía organizada su vida y su familia, no eran muchos, pero era un grupo importante de gente grande que se acercó y los compromisos de otro orden a veces frustraron la posibilidad. Pero un número importante dio continuidad a su formación.

- Y en un contexto de país diferente, de provincia. Sobre todo en términos de comunicaciones.

Los docentes que tenía que venir de Santa fe. Nosotros sabíamos los apremios que tenían en función de su regreso y por eso a veces nos inscribíamos en los primeros turnos de los exámenes porque los últimos eran apremiados porque tenían que volver. Estas situaciones y otras nos muestran con claridad la evolución técnica que ha habido en términos de procesamiento de datos y comunicaciones. Cuando nosotros hicimos el seminario de sistemas de procesamiento de datos, se utilizaban las modernas IBM de la época que se medían por metros cúbicos y cuya capacidad de procesamiento y velocidad no tienen nada que ver con la menor de las performance que brinda hoy una computadora personal. En estos 50 años los cambios han sido tremendos.

- El contador era casi una tarea artesanal.

Claro. Los servicios tenían una importancia para el desempeño del contador. Cuando uno quería hacer una investigación, tenía que hacer el trámite personal en el INDEC en Buenos Aires, entregar el documento personal, pedir la documentación y fotocopiarla. Una investigación era un engorro de mucha persistencia en el camino. Hoy hay una abundancia, capaz en exceso, de información que nos permite poder seleccionar, hacer los recortes.

- Una anécdota de aquella época que recuerde.

Una bastante risueña. A una secretaría en aquella época, que debía ser importante, estaba preocupada porque las mujeres que usaban pantalón y lo prohibió. Y a los hombres para ponernos alguna obligación nos obligo a usar corbata. Esto fue motivando rechazo y a uno de los estudiantes de la Facultad de Ingeniería se le ocurrió colocarle una corbata a Monseñor Gordillo, y ahí no se aplicó más la resolución porque fue como victoria formal. Pero eran símbolos de la época, la dictadura del 66 metía preso a gente por tener el pelo largo. Cosas que hoy nos parecen ridículas, pero bueno, ocurrían.