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Entrevista a Héctor Kunzmann, graduado de Ciencia Política

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«LA FACULTAD FUE COMO UN SEGUNDO HOGAR»
 
Héctor Kunzmann tiene 65 años y es Licenciado en Ciencia Política. A los 58 supo por unos amigos que en la Facultad de Trabajo Social se abría una nueva carrera y, sin pensarlo dos veces, decidió anotarse. Su pasión por la política venía de lejos, de una vida marcada por el compromiso, la militancia, y el exilio en tiempos difíciles. En esta entrevista Héctor nos cuenta cómo fue su experiencia de estudiante en la universidad pública.
 
- ¿Cómo te sentiste en tu recorrido como estudiante de la Facultad de Trabajo Social?
-La verdad es que fue una experiencia maravillosa. Nunca pensé que iba a ser así. Realmente me sentía muy, pero muy bien caminando, dando vueltas por la facultad, hablando con otros compañeros de distintas edades, de distinto sexo, de distintas culturas políticas; incluso con chicos jóvenes que tenían otra visión de la política, que estaban haciendo su experiencia. En la relación con los profesores, con los diferentes funcionarios y empleados de la facultad, desde la biblioteca, pasando por alumnado y el resto de los trabajadores de la institución, me sentí siempre y me sigo sintiendo muy cómodo. Fue una experiencia muy linda porque venía del exilio y de muchos años sin trabajar. Y teniendo una edad en la que no es fácil hacer un contacto con la sociedad, en el sentido de encontrar tu lugar, tu red social que te pueda contener, la facultad me dio un grupo de amigos y compañeros. Eso para mi fue invalorable, porque pensé que ya no lo iba a conseguir a esa altura de mi vida. Además, por supuesto, la facultad me dio la posibilidad de aprender cosas. Pero la gran mayoría de los compañeros, sobre todo los de mi edad, nos sentimos muy cómodos en nuestro recorrido por la institución: hemos encontrado respuesta a casi todo lo que hemos planteado, y cuando algo no se ha podido resolver, de todos modos hemos visto la buena voluntad de las distintas gestiones. La verdad es que, en ese sentido, la facultad ha sido como un segundo hogar.
 
- ¿Cuándo volvés del exilio?
- Volví en 1995, pero como estuve prácticamente siete u ocho años desocupado, la facultad fue una de mis primeras redes sociales, por eso me siento tan identificado con ella y la he pasado tan bien allí. Estuve dieciséis años exiliado en Suecia, después de haber estado casi dos años prófugo, dos años en el campo de Concentración y Exterminio de «La Perla», en Córdoba, y casi un año con «libertad controlada»: un eufemismo que usaban los milicos para seguir verdugueándonos. Por eso decidimos con mi compañera de entonces y nuestros dos hijos, fugarnos Brasil y desde allí, a través del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, fuimos a dar a Suecia, donde viví como asilado político y trabajé durante casi dieciséis años.
 
-¿Qué podés destacar de la formación que te brindó la carrera Licenciatura en Ciencia Política?
-Yo estaba acostumbrado a ver la política desde la militancia o desde un partido político, desde la práctica política pura, se podría decir. Lógicamente que algún tipo de formación y lectura siempre tuve, pero de ninguna manera sistemática. Lo fundamental fue eso, poder sistematizar lo que de alguna manera sabía y de otra sospechaba. Fue muy importante estar cara a cara con los autores de la teoría política y ver la política desde otro lado. Me ha servido para muchas cosas. Charlando con mis compañeros justamente sobre eso, llegamos siempre a la conclusión de que la formación te sirve hasta para una discusión familiar. Porque todo lo que uno aprende de cómo se manejan las cuestiones de la política también se puede trasladar a cualquier otro ámbito: familiar, de amistad o laboral; porque en el fondo todas las relaciones tienen que ver con una cuestión o de poder, o de liderazgo, o de intereses. Aprendí cómo encarar las discusiones, cómo poder resolver algunos planteos y conflictos.
 
-Y más allá de lo académico, ¿qué balance hacés de tu recorrido por la universidad pública desde lo personal?
-Fundamentalmente, la satisfacción de haber podido lograr algo que seguramente era más adecuado a mis veinte o veintidós años y no a los cincuenta y ocho: una especie de orgullo personal de saber que me puse en una aventura prácticamente, como lo fue, sin tener muy claro si iba a terminar el primer año, si iba a poder, si me iba a dar la cabeza, como uno dice vulgarmente, para seguir planteos que soy muy teóricos y que son justamente mi punto flojo. Como militante estaba más acostumbrado a la práctica y era mucho más difícil ver la relación entre esa práctica y la teoría, pero creo que la tengo mucho más clara ahora y que me ha servido.
 
-¿Qué vínculo tenés con la institución como graduado?
-En verdad me gusta más el análisis político que la docencia en sí, pero no quería perder contacto con la facultad y una de las maneras que encontré fue intentar lograr una adscripción en una de las cátedras. Así es que estoy, justamente, con el profesor Pablo Barberis en la cátedra «Análisis Político». La otra posibilidad era poder incorporarme a algún grupo de investigación, y también lo he logrado a través de una beca. Con ese equipo estamos trabajando para reconstituir el archivo electoral e histórico de los partidos políticos de Entre Ríos desde el año 1983 al 2009, aproximadamente. Esa tarea de investigación se enmarca en un convenio entre la Facultad de Trabajo Social y la Vicegobernación de la provincia de Entre Ríos. También está la posibilidad de participar de la evaluación del Plan de Estudios de la carrera junto a otros compañeros, y hacer nuestro aporte como graduados a ese proceso, que es muy importante.
 
Fuente: Área de Comunicación Institucional FTS - UNER